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Ciudadano Cano

SIN SONIDO

El vecino que tira de la cadena, el agua que cae porque el vecino ya está en la ducha, el grifo que corta el agua de la cañería, y después el portazo de cuando sale de casa, portazo que me informa que faltan 15 minutos para que suene mi despertador. Enciendo la radio y empieza el ruido en serio:  informaciones que rugen magnificadas por tertulianos indignados, todo para enterarme de que todo sigue igual. Nada cambia, tampoco cuando cruzo el portal de mi casa y salgo a la calle y oigo los decibelios de algo que está en obras, escucho vehículos que descargan su mercancía y conductores que descargan su ira con impacientes sonidos de claxon. No es raro el día en el que me encuentro con alguien que verbaliza ¡Es que no hay derecho oiga!  Escupir palabras no soluciona nada pero entretiene, mientras llega tarde el metro con destino a enfrentarse a la jornada. Opto por los cascos y el ruido de mi música, este no me lo impone el entorno, lo elijo yo. Llevo poco más de una hora de día y ya han impactado sobre mí todos estos sonidos y los que vendrán…

Hace nada estaba de vacaciones y escuche el silencio, pero el de verdad. Me pasó a más de 11.000  kilómetros, en Bali, una maravillosa isla de mayoría hindú que una vez al año celebra su día grande desconectándose del mundo para encontrarse consigo mismos, y yo que no soy hindú también, porque si te pilla allí estás obligado a vivir el Nyepi day. A mi me pilló y repetiría. De seis a seis, 24 horas en las que la vida se para, todo cierra, hasta el aeropuerto, sólo se salvan, claro, las urgencias del hospital. Nadie puede salir a la calle, las compañías desconectan internet a petición del gobierno y cuando cae el sol, la luz eléctrica deja de existir en el año 2018. Mientras sufría en el jardín este hermoso secuestro, levante la cabeza y habían más estrellas de la que veré jamás: bajo el ecuador, ahí estaba marcando el camino la Cruz del Sur, el cinturón de Orión apuntaba a Tauro y Sirius brillaba más que todas sobre el Can Mayor. Y pensé, reflexioné, olvidé todo lo smart y no eché de menos los petardos que sonaban en ese momento en Valencia. Era feliz, sin sonidos, aunque sólo fuera un rato. Propongo importar la fiesta, es sana.

Ahora ya estoy aquí, a punto de cerrar el ojo, hasta que el vecino vuelva tirar de la cadena. Chsss…

Bali-Luhur Uluwatu

 

By FerranCano, 29/03/2018
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